viernes, 24 de julio de 2015

Lo inmobiliario: posibilidad y oportunidad

“La forma de la ciudad cambia más de prisa que los deseos del corazón humano”.
Baudelaire, poeta francés.

Nuestras ciudades, las que componen el Gran Valparaíso, seguirán creciendo -esto es un hecho- y la forma de las ciudades que lo conforman continuará cambiando.

Por un lado se puede apreciar que la falta de suelo libre disponible  y las particulares condiciones topográficas de Valparaíso y Viña del Mar han impulsado que una parte del crecimiento sea basado en la renovación de viviendas y la densificación en altura, donde caserones antiguos totalmente renovados y edificios de departamentos nuevos son constituyentes de la oferta inmobiliaria que existe.

Lo anterior en contraste al estiramiento urbano de Quilpué y Belloto, entre otras ciudades similares, que se densifican por extensión, en las que conjuntos de condominios y villas generan nuevas poblaciones completas.  Con sus respectivos equipamientos, centros comerciales y edificios de servicios.

Lo anterior es reflejo de que la dinámica propia del desarrollo urbano es compleja, pues trata de mucho más que sólo la construcción o remodelación de viviendas y nuevos barrios o plazas.

En esta dinámica se debe vincular permanentemente lo que existe con lo nuevo, con el espacio público y con lo natural, puesto que es en la ciudad donde los deseos se expresan y también las contradicciones sociales que vivimos, tomando forma a diario en diferentes tipos de lugares habitables para el ciudadano.

En este sentido, los proyectos inmobiliarios pueden aportar referencias e indicios al crecimiento urbano y cualificar positivamente un entorno completo, mejorando la vida de un barrio, inclusive de un sector, sin quitar la posibilidad de robustecer una ciudad en completitud.

Así pues, se aprecia que las variables son muchas y las implicancias también, donde las obras muestran cómo son los cambios de vida de una ciudad y los procesos de consagración o marginalización de aquellos.


***** Texto publicado en "El Rastro" (Viña del Mar - Chile) con fecha 24 de julio de 2015 *****


Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar


viernes, 17 de julio de 2015

Creatividad urbana o lo contrario a la carencia

El concepto de fragilidad es coincidente con las condiciones ciudadanas que animan la vida de Valparaíso hoy en día.

En lo que a mí respecta, como arquitecto, es que en este momento deseo referirme a cómo la relación que existe entre el modo de vida de una ciudad y el aspecto urbano que presenta ésta es constante e imperativamente significativo, más aún en Valparaíso, ciudad donde el mito es pan de cada día, incluso a la hora de describir la realidad cotidiana.
Valparaíso hace eco de estar cerca de la capital de nuestro país. Y claro las implicancias de esto, en muchos aspectos, son abrumadoras. Quizás donde se atestigua con mayor significancia esta relación de vecindad es en la continua emigración a la capital por búsqueda de trabajo de cientos de personas a cotidiano.
Curiosamente la cercanía geográfica de ambas ciudades aparentemente genera una desvinculación notable si se quisiera encontrar relatos en común desde lo urbano: la carencia y lo desproporcionado. Siendo lo desproporcionado una característica, que en este caso, es netamente capitalina.
Valparaíso está carente de motivaciones ciudadanas expresadas en un relato de ciudad a todo color. Ese discurso propio que tantas veces tuvo y que cautivó siendo una inagotable fuente de creatividad.
La fragilidad de Valparaíso hoy en día son las plazas, las avenidas y los espacios públicos (carentes de cuidado y propósito urbano), es decir, los lugares del ocio. Son lugares “santos” de alguna forma, donde la vida misma se expone y sin maquillajes ni caretas la cultura de una ciudad toma forma.
Con poco trabajo y poco dinero (carencias de fuentes reales de trabajo para ganarse la vida), estos lugares “santos” se ven reducidos a una mínima expresión de su potencialidad creativa. Y los colores de una ciudad se diluyen sin discusión.
Un cambio positivo de condiciones de vida (lo contrario al  ser carente) afectaría integralmente lo descrito fomentando el intercambio ciudadano y la sinergia de la ciudad. Y esa energía cultural-económica podría dar un impulso vital para erradicar las carencias y de una vez por todas cambiar la fragilidad por creatividad urbana.  
Nota: el antónimo de carencia no significa desproporción, sino crear un significado embellecedor de ciudad a un territorio.



***** Texto publicado en "El Rastro" (Viña del Mar - Chile) con fecha 17 de julio de 2015 *****

Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar