viernes, 15 de enero de 2010

¿Viña del Mar se preparó para el verano 2010?

Hace una semana, durante la tarde, fui a la playa Las Salinas junto a unos amigos de Sao Paulo, Brasil. Siempre me gustó esa playa, tanto por su paisaje como por ser quizás la más apta para nadar en todo Viña del Mar. El ambiente estaba grato: muy familiar. No como en esa horrible época en que el programa Mekano de Mega la convertía en un flaiterío danzarístico poblacional. Vale decir que nada tengo en contra de las poblaciones populares, de hecho en esa tarde en la playa había muchas familias populares que disfrutaban sanamente de la playa. Una cosa, claro está, es la falta de recursos y otra muy distinta es la ordinariez y la estupidez humana. La tarde se vio empañada a la hora de ir a almorzar. Entendiendo que una de las gracias de estar de vacaciones es poder disfrutar a cabalidad del ocio, mis amigos claro está, no llevaban colaciones ni nada por el estilo. Las Salinas, desde que tengo uso de memoria, ha tenido un restaurante en su acceso por la Recta Las Salinas. Acá se produjo un conjunto de situaciones lamentables: falta de oferta de comidas, pésima higiene en la manipulación de los alimentos (fue todo un show ver a pocos metros el proceso de armado de los platos, incluyendo al vistoso maestro de cocina espantando a un par de baratas en la cocina) todo esto sumado a la ya “acostumbrada” falta de papel higiénico y limpieza de baños. ¿Cómo puede una ciudad entonces auto proclamarse la capital turística de un país si a la hora de disponer y ofrecer los servicios más básicos o no los tiene o bien los tiene pero en pésimas condiciones? ¿Seré acaso sólo yo quien ha reclamado más de una vez por la inexistencia de baños públicos en la ciudad, teniendo que recurrir a mi carita más simpática y pagar para que me dejen orinar en algún local? ¿Seré acaso sólo yo a quién no le ha gustado la comida por encontrarla mal preparada o poco vistosa en su aspecto higiénico? Al día siguiente y con el recuerdo de 3 platos casi intactos fui junto a mis amigos más un par de jóvenes de Mendoza, Argentina, a Reñaca. En estos días los teléfonos celulares tienen la capacidad de conectarse a Internet, así que siguiendo la sugerencia de existencia de WI FI en los casetones demarcadores de los diversos sectores de la playa de Reñaca, fue que entramos a conectarnos: ninguno tenía conexión. Recorrimos uno por uno los casetones y en todos nos fue mal. No voy a pensar que al concesionario se le olvidó pagar la cuenta del Internet, ni menos que la señal es débil y, por lo tanto, ninguno de nuestros teléfonos pudo conectarse. Sólo voy y quiero pensar que en el resto de la ciudad todo está funcionando bien a pesar de que en pleno Enero he visto cómo los maestros se pasean por San Martín con 5 Norte, apurando la construcción de un restaurante, entremedio de turistas que esquivan desde tablas y tarros de pintura hasta mesas y sillones. Total: ¡todo sea por el bendito turismo!

***** Texto publicado en "El Martutino" (Valparaíso - Chile) el día 14 de enero de 2010 *****


Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar


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