Ocio en la ciudad

¿Sabe usted que el ocio es un tiempo valioso? ¿No? Pues sí lo es. Claro que cuando digo ocio no me refiero al tiempo que se gasta en mirar programas de televisión como “Yingo”, “Morandé con Compañía” o cualquier otro show sin mucho contenido. Cuando hablo de ocio estoy señalando aquellos momentos que se usan para compartir con los demás. Los momentos que caben en esa categoría los arquitectos lo conocemos como el “estar permaneciendo”. Un “estar” que se puede disfrutar tomando un café en el centro de Viña; en una caminata por el borde costero; o haciendo un picnic en una plaza o parque, como el Jardín Botánico. Otra pregunta, ¿usted ha notado como a veces la ciudad parece muerta, como si estuviese vacía? ¿Sí? Eso es porque la urbe se nutre del conjunto de experiencias interrelacionadas que generan sus ciudadanos y cuando escasea pasa justamente eso, parece como si no hubiese vida. Una cosa está relacionada con la otra, si el ocio se ocupa bien, no pasa lo anterior. En general, las preguntas que planteo se vinculan con tener un norte, un propósito, una intención como ciudad y que sus habitantes participen de ella, que generen sus espacios de ocio. Por eso me pregunto cuándo será el día que el alcalde de turno incentive a sus ciudadanos a explotar nuestra vocación como ciudad. Cualquier que esa sea. Que la autoridad logre de verdad mover a sus lugareños. Por ejemplo, sabía usted que lo “turístico” mata a Viña del Mar porque es sólo algo estacional, y que por otro lado, la chapa de “cultural” mata a Valparaíso, porque tiene poca consistencia. En el desarrollo de ambos centros urbanos estas temáticas han sido impuestas más por el azar que por una política determinada o una planificación. Y eso, estimados lectores, nos juega en contra a diario. Obviamente, entiendo que en ciertos periodos las arcas municipales y de privados se llenen gracias a estos “roles” culturales y turísticos. Sin embargo, creo que si reflexionamos bien, nos daríamos cuenta que esta plata cae en los bolsillos de algunos pocos y eso genera exclusión. Sí, exclusión. La misma exclusión que hace que la repartición de la riqueza sea absolutamente desigual. La misma exclusión que no permite la articulación e integración de las diversas clases sociales del país. Todo sería muy diferente si un gran porcentaje de los habitantes trabajase en un propósito común, apuntando a un mismo norte, para así generar unión y riqueza para todos. No hay que ser un experto para darse cuenta que ningún lugar es sustentable sin ingresos permanentes en el tiempo. Pero, ¿qué pasa si su población no tiene dinero para gastar en su propia ciudad? ¿Qué nos queda? Y si lo tuviera ¿Dónde lo gasta? ¿En el mall? Qué triste. Parece que el estado de nuestras ciudades es deficiente. El ocio no se toma en cuenta como una actividad que aparte de generar comercio y dinero, también activa a las urbes, logra que sean atractivas. Aquí parece que es despreciado, relegado a un par de meses del año; comprendido como algo que sólo es para el turista. Parece una contradicción que el “ocio” del verano cuando Viña y Valparaíso están repletos y llenos de vida, sea justamente lo que nos falta durante el resto del tiempo. Ese ocio que genera una buena convivencia, da trabajo, y de pasada, crea buena fama ante todo el país.

***** Texto que fue publicado en "La Otra Voz" (Viña del Mar - Chile) el día 6 de julio de 2010 *****


Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar


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