Lápices Bic v/s Plumas de Tinta

Estando en 1º año de Arquitectura, ahora soy arquitecto titulado, nos mandaban muchísimo a las calles de Valparaíso, Chile, a dibujar. "Croquear" suena mejor para este rubro. 
Muchísimos dibujos, semana a semana, nos pedían en cada uno de nuestros encargos y tareas. Un par de compañeros afirman hoy en día que no eran tantos. Para mi sí. Eran muchísimos. Treinta. Treinta y cinco, hasta cuarenta por semana. De buena calidad. O sea, con harto trabajo cada "monito". Dibujé de todo: casas, edificios, calles, muelles, personas (una vez dibujé un tipo haciendo una “chilenita” en un partido de fútbol callejero), iglesias y misas, cerros y perros, escaleras y techos. Hasta llegué al extremo de dibujar los interiores de los microbuses y el metro de Santiago de Chile. Aprendí que con una tabla de madera barata y con papel se podían hacer maravillas y jamás me acostumbré a que me miraran mientras estaba concentrado dibujando, ni menos que cerca a mí se dispusieran personas a comentar cómo iba resultando el dibujo. Mi dibujo. Igualmente sucumbí a esta “invasión a mi privacidad” e incluso me hice amigos frecuentes en el Cerro La Matriz, donde 3 ó 4 niños se sentaban frecuentemente conmigo a mirar qué se podía croquear. Un día, la tía de estos niños, me invitó a tomar once a su casa. Todo aquel que estuvo en estas circunstancias, sabe lo delicioso que es tomar al atardecer una taza de té calentita con su respectivo sándwich con mermelada. Al final me terminaron gustando los dibujos con manchas de tinta o con la tinta corrida. Conocí el caso de amigos que sacaban fotos y luego en un acto acrobático las calcaban del monitor de sus computadoras. Otros, más sofisticados, con cámara de vídeo y ponían stop al mejor ángulo de cada lugar, como para poder dibujarlos del televisor. Yo prefería imprimir a blanco y negro y calcar en la ventana a contraluz. Igual estoy absolutamente seguro de que se notaba cuando el croquis había sido realizado in situ y cuando no. Algunos caían en un maquinismo del dibujo. Otros en un grado de perfección extraordinarios. También había estilizaciones como una compañera que dibujaba a toda la gente igual y con bufandas. Otros casi no dibujaban nada. Puro papel en blanco, a diferencia del que se obsesionaba con una persona y traía casi un retrato. Todos válidos. Cada uno con su estilo no más. Hoy me pregunto: ¿Cómo es posible que una vez el profesor ayudante nos haya dicho que bastaba con comprar la pluma no sé cuánto y el dibujo salía solito? Jamás traicioné mi lápiz Bic negro. Fuimos varios. Podría hacer la lista de los que fueron fieles. Punta fina o punta gruesa, pero lápiz Bic de pasta y nada más. Creo que fácilmente hice más de 1000 dibujos con mi lápiz Bic ese año. ¡Ahora me gustaría saber cuántos habré usado!


***** Texto publicado en "ProyectoSinergias" el día 9 de octubre del año 2009



Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar

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