viernes, 9 de abril de 2010

La historia sin fin

Estuve dos semanas en Cartagena, una ciudad de la Quinta Región donde yace enterrado el gran poeta chileno Vicente Huidobro, realicé evaluaciones pos terremoto de daños en construcciones en la zona declarada como “típica”. El municipio de la ciudad solicitó ayuda al Colegio de Arquitectos de Valparaíso y éste convocó a un grupo profesional para que, de manera voluntaria, hiciéramos un catastro del daño, un informe detallado del nivel de deterioros observados. Cartagena fue alguna vez un balneario de los ricachones de Santiago. Hoy en día es la comuna más pobre de la región de Valparaíso. Sin perjuicio de lo anterior, su gente es cálida, cariñosa y abierta. La zona típica la componen un conjunto de casas señoriales de época. Son casas preciosas construidas mayormente en madera, con relleno de adobillo o adobe. Vale decir que aquí el sismo tuvo una intensidad de más de 8 grados Richter, según nos contaron las autoridades locales. A la hora de reflexionar sobre los daños estructurales en cada vivienda es imposible obviar los siguientes factores que, de una u otra manera, acentuaron los estragos que el terremoto generó. -El grado, tipo y periodicidad de mantención de cada vivienda. -Donde se emplaza cada una y las características inherentes del lugar. -La tectónica desarrollada al construir la vivienda en cada uno de sus sistemas constructivos. -Los usos que ha recibido la vivienda a lo largo de su vida útil. No es de extrañar entonces que me haya tocado tanto a mí como a mis compañeros inspeccionar hogares de adobe de 2 pisos sin ningún tipo de compromiso estructural, es decir, casas “sanas”. En cambio, hubo casas de hormigón totalmente destruidas, listas para recibir la orden de demolición. Quiero eso sí dejar claro que a la hora de consignar las “responsabilidades” profesionales por la caída de ciertas casas y edificios, me parece complicado e imposible atribuirlo a una sola persona. La trama urbana de una ciudad se construye de forma compleja, y gracias a una suma de acciones y responsabilidades individuales, aunque claro es siempre un peso que carga la autoridad municipal de turno. Hay planos reguladores de por medio, profesionales que planifican las edificaciones, otro que evalúan estas construcciones de que cumplan la norma y así habitarlas. Y por último existe la ética profesional. A todo lo anterior sumó la voluntad y el deber político de proyectar la ciudad que queremos y cómo ésta se hace sostenible en el tiempo. Y claro esa es la clave en Chile. Pero no en la mayoría de las veces el crecimiento se ve supeditado a meras especulaciones monetarias o usos del terreno de forma económica. Eso pude apreciar en este viaje, sólo soluciones parches después del terremoto de 1985. Un ejemplo fue un edificio de hormigón armado donde todas sus fachadas colapsaron en aquella fecha. Como era de suponer esta vez también cayeron. Los arreglos del 85 fueron penosos: hormigones con piedras enormes y no pequeñas como debe ser; paredes rellenas con arena de mar, donde se podía ver las conchas y además pilares que contenían chuzos de fierro. Impresentable. ¿Qué podría hacer que una empresa que refacciona daños estructurales los empeore? ¿De quién es la responsabilidad? En este caso el propietario del edificio confió en una empresa de profesionales y obreros, les encargó la reparación y consolidación estructural del recinto. Y como debe ser (o debió) la autoridad veló porque cada etapa fuese desarrollada de acuerdo a las normas establecidas y las validó. Al terminar, todos felices y contentos. El tema de fondo es la ética presente en cada actor de este juego. Una que queda circunscrita en la proyección de la ciudad en su conjunto. He ahí el problema: la falta de ética y de políticas con una mirada verdadera al futuro. Mientras tanto creo que podemos reconstruir lo dañado en Cartagena de la mejor manera posible y seguir luchando para que esta ciudad tenga un destino real y salga de la pobreza en la cual se encuentra sumida. Mientras tanto creo que podemos evitar que la historia se repita de nuevo.

***** Texto publicado en "La Otra Voz" (Viña del Mar - Chile) el día 9 de abril de 2010 *****


Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar


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