La gracia y la desgracia de Reñaca: "Lo Top"

No sé bien desde cuándo es que la playa de Reñaca se nos presenta como un balneario top. Con promotoras top, con autos top, con gente que usa ropa y anteojos top, gente que usa poleras y bikinis y trikinis o cómo se llamen bien top. En síntesis: un lugar top, y como desde un tiempo a esta parte, en Chile todo quiere, o al menos pretende, ser top vendiendo, por ejemplo, en Santiago departamentos de 1 millón de dólares y más, autos tipo jeeps de guerra, como los que en este momento recorren Irak, todos negros y con vidrios polarizados, para no dejar ver nada del interior del pequeño búnker y menos la pareja que va adentro en actitud top. O teléfonos celulares que quizás ya se pueden enlazar con la estación espacial de la NASA (¡qué más top!). Es que ya no me extraña nada que en la playa de Reñaca ya no basten los teams de verano y sus perfomances callejeras dando paso a bares para éstos de 2, 3 o 4 pisos aterrazados, donde emulando tal vez Ibiza o tal vez Miami, los chicos beban junta a las chicas ron con energéticas, o lo que sea, mirando al mar y escuchando música a “todo chancho”: lo que nada tiene de top. A mi parecer escuchar la música a “todo chancho” en un lugar público es de lo más rasca que se puede hacer y, por ende, lo menos “top”. Una de las virtudes de ir a la playa es el poder contemplar de manera gratuita el paisaje y vivenciarlo como un bien común, donde se respetan reglas mínimas de convivencia, pero que hacen de esta experiencia algo gratificante para el alma (así se puede uno relajar y despejar la mente). En Reñaca la gracia radica en poder estar en el intermedio entre la naturaleza y la ciudad. Claramente la gracia de esta playa no es su agua, pues no es una buena playa para nadar. Tampoco lo es su arena que te muele la espalda. Menos lo va a ser su tranquilidad ni su hermetismo, pues es una playa que está en una ciudad. La virtud de Reñaca es ser una playa de un largo importante respecto al lugar donde se emplaza y con esto constituye un lugar notable, pues es el balcón natural de esta ciudad. Por lo mismo hago un llamado público a bajar los decibeles de los equipos de música, que mal amplificados suenan como un tarro y no nos dejan disfrutar de estar en la playa. Esto es parte de la guía de convivencia entre todos los usuarios del balneario. Si no me creen vayan y pregúntenle a las familias qué es lo que opinan de estos barcitos de música repugnante.

***** Texto publicado en "El Martutino" (Valparaíso - Chile) el día 19 de enero de 2010 *****


Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar

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