La deteriorada Av. Perú

Compartiremos creo yo, amigo lector, el mismo pensamiento: la avenida Perú es uno de los mejores espacios públicos de Viña del Mar. Es un lugar con carácter e identidad, de esos que casi siempre escasean en las ciudades chilenas, pero que tienen la inmensa virtud de poder constituir un referente urbano. Llámele postal de Viña, llámele lugar de encuentro o llámele lugar de paseo. Creo que todos y cada uno de los adjetivos anteriores son absolutamente ciertos y acertados. Es por eso que le pregunto: ¿podría usted imaginar Viña del Mar sin su avenida Perú? Yo, para serle sincero, no podría. Ahora bien, le cuento con mucha preocupación que veo a diario como este lugar se despotencia y pierde sus buenas cualidades urbanas. Por ejemplo, me preocupa observar como periódicamente aumentan la cantidad de textos bíblicos pintados con color amarillo sobre las rocas de la avenida. No es que tenga nada en contra de las citas bíblicas, pero no me parece pertinente usarlos como soporte gráfico para inculcarnos las enseñanzas de Jesús casi a la fuerza, no corresponde. También me preocupa ver que el ex restaurante Chez-Gerald ya se encuentra casi en estado de ruina histórica. Me preocupa darme cuenta cómo pasan los años y el muelle Vergara sigue botado y abandonado y que cuando las “victorias” de los caballos se estacionan en vía se transforma en un meadero y mosquerío ordinario y vulgar. Todo lo anterior, querido lector, me preocupa mucho. Sin embargo, después de preocuparme y reflexionar, me indigno. Y mucho. Me indigno al caminar por ahí y ver los horripilantes asientos públicos construidos hace un par de años. Son una porquería. ¿No me cree? ¿Ha tomado asiento alguna vez en ellos? Son lo más incomodo que hay. Tampoco olvidemos que la materialidad de ellos ha pululado entre el metal y la madera, con el gasto que esto implica. Desde el comienzo fueron mal pensados y proyectados. Si no fuera así, no poseerían problemas ergonómicos y tampoco hubiesen tenido que cambiar sus materiales para que alguien los usara. Me indigna, más que lo anterior, ver las terracitas de 2×2 mts que se construyeron por sobre la larga baranda amarillenta que separa la calle del roquerío: ¿le podemos llamar terrazas a estas plataformas enanas y mal equipadas? ¿cuántas veces Ud. Las ha usado? o ¿las ha usado? Estoy casi seguro de que NO. Para finalizar, sencillamente me desquicia ver la “ofrenda” que la empresa sanitaria ESVAL le hizo a nuestra ciudad hace un par de años. Sí, aquel especie de monumento que está ubicada justo al frente al Hotel del Mar. Esta cosa que es un “tubo”, un respiradero del emisario que trae los desechos de Esval, apunta al cielo y está por sobre un arco de cemento. ¿Será arte abstracto? No lo creo ¿Expresión futurista? Tampoco ¿Alguna escultura “volada”? Menos. ¿Cómo es que Viña del Mar, “capital” turística de Chile, puede aceptar algo tan rasca? ¿Y cómo ESVAL puede ser tan miserable para regalar esta “basura”? El consuelo que me queda es el siguiente. Como la Ilustre Municipalidad de Viña del Mar anda con la cabeza en las nubes, lo más probable es que se haya olvidado de la Avenida Perú y esto, amigo mío, al final de cuentas no es malo, pues así nos aseguramos que ninguna autoridad le va a meter mano a este referente viñamarino y, por ende, no lo va a tratar de “embellecer” estropeándolo cada vez más.

***** Texto publicado en "La Otra Voz" (Viña del Mar - Chile) el 16 de junio de 2010 ***** 


Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar 


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