El congreso tosco, torpe e ingenuo

Primero un poco de historia. La construcción del edificio Congreso Nacional se inició en octubre de 1988. Su inauguración se produjo 2 años después. La autoría de este edificio es de los arquitectos chilenos Juan Cárdenas, José Covacevic y Raúl Farrú (más detalles acá). El gran edificio cuenta con 25 mil metros cuadrados y en la época que este proyecto fue el ganador, de un total de menos de 40 propuestas finales, se le calificó como un proyecto “austero, digno y trascendente” por parte del jurado; un jurado que contó con 3 premios nacionales de arquitectura, 7 arquitectos, un ingeniero civil y un arquitecto representante de la Junta de Gobierno Militar (era que no). Dentro de los participantes estuvieron presentes destacados arquitectos nacionales como por ejemplo Borja Huidobro, Guillermo Julian o Iglesis y Prat. (Arquitectos reconocidos en todo el mundo) (info aquí). Ahora bien, lo que voy a plantear a continuación como crítica urbana es bastante simple y entendible para todos: este edificio es una porquería de edificio. Tal cual. No hay términos medios. Tampoco concesiones de tipo estilísticas. ¿Qué arraigo tiene ese edificio “monstruo” con nuestra ciudad? ¿Cómo se desenvuelve la vida en torno a este recinto “ícono” de la ciudad? ¿Qué le ofrece esta “cajita” a nuestra urbe? Nada. Absolutamente nada. Planteo esto porque el edificio “está ahí”, pero no se percibe. Es decir, sufre de una terrible enfermedad: no tiene personalidad ni carácter. Si bien es cierto que su estética es post-modernista (a la chilena), también es cierto que el lenguaje que emplea es tosco, torpe e ingenuo. Tosco, porque no logra crear un diálogo ni con su entrono inmediato ni con el lejano. Recordemos que está en el sector El Almendral, no olvidar eso. Torpe, porque es un edificio mal armado en su conjunto. No porque tenga altura tiene “presencia”. No porque sea grande tiene “peso”. Recordemos que se encuentra en la intersección de la avenida Argentina con Pedro Montt. Y es ingenuo, porque no basta con dirigir un pórtico enorme en el sentido norte-sur para definir un propósito arquitectónico armónico. Sin embargo, y de manera increíble, está sindicado en la página www.chile.com como uno de los “atractivos” de la ciudad de Valparaíso. No vaya a creer usted señor(a) lector(a) que me resulta tan fácil bombardear este edificio, bien consciente estoy de lo que cuesta arrancarle aunque sea una “miguita” de pan a Santiago. Esta última reflexión debe ser la que más me indigna, porque teniendo en antecedente la poca inversión que hace Chile en las afueras de su capital simplemente parece una broma macabra otorgarnos el “derecho” de albergar a los honorables legisladores en este adefesio urbano o mal formación arquitectónica. ¿Será acaso que el equipo ganador no vino a darse una vuelta corta al viejo Valparaíso para entender su escala, su trama y sus particularidades? Mirando el resultado es bastante posible. PD: Recomiendo visitar la biblioteca refaccionada y equipada hace un par de años. ¿Ve que no todo es tan malo mi querida porteña buenamoza?

***** Texto publicado en "La Otra Voz" (Viña del Mar - Chile) el día 13 de mayo de 2010 *****


Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar


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