domingo, 22 de diciembre de 2013

Lo flexible o la gracias de volver a cero

“Es una ciudad extraña, porque cuanto más feo el tiempo, más hermosa la ciudad. Y el más feo de los edificios, es el más coherente de la ciudad”.

Rem Koolhaas, arquitecto holandés.

Una de las grandes batallas que ha protagonizado la arquitectura actual y de vanguardia es la de imaginar recintos y edificios que sean capaces de albergar diversos usos (programas) a lo largo de su vida útil.

Creo que la idea se fundamenta en el hecho de que un edificio categorizado como singular debe ser protagonista para la ciudad no sólo por su forma arquitectónica y las cualidades de sus espacios habitables en un determinado lugar; sino además por presentar adaptabilidad a numerosas actividades que se puedan llevar a cabo en él: hablamos de “flexibilidad”.

De este modo; hoy presenciamos como los centros culturales, por ejemplo, son utilizados como lugares para exponer obras artísticas; escuchar un grupo de música o ver un desfile de moda. Y como los estadios de fútbol son al mismo tiempo museos; tiendas de marcas y galerías de arte deportivo.

Un paradigma de esta “flexibilidad” resulta ser el edificio de planta libre que se va configurando de acuerdo a los requerimientos que debe afrontar mediante diversas modulaciones de sus espacios interiores. Otro caso más ambicioso es el recinto que por su disposición espacial y su relación con el entorno inmediato constituye una nueva plaza urbana para el barrio (inclusive para la ciudad). No está de más recordar que en las ciudades antiguas los atrios de los templos y monumentos se utilizaban como lugares de intercambio cultural y reunión social.  

Entonces; se puede apreciar que la idea matriz de que sólo el programa arquitectónico (organigrama de actividades) define el tipo de espacio habitable de un edificio y su relación con el entorno inmediato ya cambió.

A lo anterior; y en un frente paralelo de batalla intelectual; se suma en el proceso de diseño-creación la renovada mirada bioclimática y tecnológica de composición de espacios. La idea que un edificio mediante sistemas propios genere mejores condiciones internas para sus usuarios y propicie el ahorro de energía lleva años en boga (en este caso sugiero revisar la obra de los colegas Richard Rogers y la del ya omnipresente Renzo Piano). 

Nuevos elementos de composición y nuevas formas de arquitectura son nuevas formas de expresión para la ciudad. Por lo tanto; creo que si el argumento es positivamente propositivo e inclusivo no hay peligro de que surjan y sobrevivan los temidos elefantes blancos.

Nota: las nuevas expresiones arquitectónicas siempre son un mundo de complejidades ocultas y sin resolver.


***** Texto publicado en "El Magallanes" (Punta Arenas - Chile) el día 22 de diciembre de 2013 *****



Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar


domingo, 15 de diciembre de 2013

Lo mejor y el valor de lo cotidiano

Sucede que a menudo creemos que el mejor grado de cada acontecimiento y hecho socio-cultural ocurre en lugares que se presentan cómo especiales a la vista de todos. Lugares donde todo lo que ocurre "es lo mejor"...

Lugares que adquieren una dimensión mágica de su totalidad mejorada. Digo mágicos; pues todo lo que ocurre en ellos es absolutamente positivo-mejor: "los mejores restaurantes; las mejores tiendas de ropa; los mejores cines; los mejores empleos; los mejores panoramas...los mejores edificios".

En Chile esta sensación abunda y por montones en la creencia de muchos que el país se sintetiza y eleva a su máxima expresión en la capital del país; reduciendo la inmensa diversidad programática de actividades humanas de un territorio a una ciudad llamada Santiago. 

Me hace sentido pensar que la situación antes planteada se asemeja mucho a la visión historicista de actuales arquitectos formadores chilenos que dice que en Europa toda la arquitectura y su realidad programática es superior y "mejor" que en otro lugar del mundo. Una arquitectura superlativa y bendecida en una calificación de insuperable. Y, por ende, la "mejor".

Yo pienso que si no se conoce un territorio difícilmente se podrá observar las riquezas de éste. Y, muchos menos, verbalizar sus cualidades. Lo digo a propósito de estar consciente de qué poco conocemos (poco lo hemos recorrido y viajado) los chilenos nuestro país.

Hemos atribuido por años a nuestra condición geográfica de mares, cordilleras y desiertos la constante mirada hacia lo interno validando como única realidad la nuestra. Y, para ser más precisos, la realidad de una única ciudad: hordas de personas se abalanzan a Santiago de Chile para al fin poder ser parte de este "mundo mejor o mejorado".

Es probable que en ciertas ciudades ocurran más acontecimientos y sean éstos más variados que en otras ciudades. Y también es probable que hayan ciudades más entretenidas que otras.

Pero también es probable que hayan otras donde la cotidianeidad y simpleza de sus modos sean su verdadera riqueza. Así como existe alguna iglesia o plaza que nadie ha publicado en alguna revista, pero que forma parte de un innegable tesoro vivo y latente; también existe esa arquitectura de lo sencillo (vernácula la llaman otros) donde se ha recogido la experiencia de edificar desde la vivencia misma del lugar. 

Entonces; yo me pregunto: ¿por qué no miramos la virtud en lo cotidiano y dejamos la moda de ir copiando-pegando a la hora de hacer ciudad en esta parte del mundo? 


***** Texto publicado en el periódico "El Magallanes" (Punta Arenas - Chile) el día 15 de diciembre de 2013 *****



Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar


domingo, 15 de septiembre de 2013

Introducción Edición Revista Casas internacional

"La geografía del ojo digo es la más complicada"
Altazor, Canto IV, Vicente Huidobro

Resulta particularmente agradable apreciar obras de arquitectura que tienen un origen común como tema central. Gracias a ese origen en común se pueden establecer reflexiones claras, sencillas y comparativas; todas absolutamente válidas en cuanto a gustos y formas, estéticas y análisis.

En este caso puntual; dicho origen es uno particularmente complejo y que ha sido protagonista recurrente en la composición de disposiciones espaciales a lo largo de la historia y también motivo de exhaustivos ensayos y errores en sus numerosas puestas en práctica.

En las siguientes obras “el módulo” cobra vida y libertad: apreciaremos obras que intensifican las experiencias de composición.

No se trata tan sólo de respetar ritmos y disposiciones espaciales de elementos al azar. Ni tampoco de apilar y ordenar “cajitas” en repeticiones incesantes.
Se trata de proponer algo novedoso con un elemento bien definido en cuanto a materialidad y estructura. Inclusive con carácter propio si se quiere. Presente siempre en ciudades y lugares industriales.

Gozaremos la posibilidad de observar diversas posturas estéticas a partir de una nueva (no tan nueva) unidad de medida arquitectónica a nivel global: “el contenedor marítimo”.

Desde la conformación que pone al uso-función como el elemento articulador hasta el otro extremo que re-inventa (iconoclasta) un modo escultórico de crear espacios en relación al terreno.

En tanto; asevero que podemos transitar con calma entre expresiones evocadoras y provocadoras. 


***** Invitación a escribir introducción edición especial Casas internacional: container.
Buenos Aires, Argentina (semestre primavera 2013) *****


Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar