miércoles, 21 de julio de 2010

La gran biblioteca

Es imposible no notarlo. Ya sea caminando o sencillamente pasando en auto, a simple vista, la Biblioteca Santiago Severín de Valparaíso tiene en su fachada severos daños. Cada uno de sus lados sufren un gran deterioro y resulta desolador ver como un hito porteño se halla en estas condiciones. Esta biblioteca que se encuentra frente a la plaza Simón Bolívar en Valparaíso, se creó en 1873 y hasta 1920 fue la única biblioteca pública de Chile, obviamente fue catalogada como Monumentos Nacional. Un sitio vital en la cultura porteña. Nunca me voy a olvidar cuando en 1999 sufrió un incendio en su tercer piso y donde se perdieron alrededor de 1500 libros históricos, piezas de extraordinario valor para la ciudad puerto. Y claro, tampoco hay que olvidar que antes del terremoto de este año el edificio ya había soportados otros grandes sismos a lo largo de su historia, evidenciando las inclemencias del tiempo. Sin embargo, de manera estoica este edificio está ahí siempre para todos nosotros. Pese a que las autoridades poco o nada hacen para protegerlo y que pareciese que su chapa de monumento, es sólo una mención anecdótica. Es que no hay que ser muy inteligente para darse cuenta de su increíble importancia para una ciudad Patrimonio de la Humanidad y, supuestamente, muy cultural. Valparaíso tiene muchas carencias no hay un gran museo, ni un complejo deportivo de excelencia o un gran centro cultural. Y lo único que se mantiene pese a todo -y debería ser potenciado- es la gran Biblioteca Santiago Severín. La gran biblioteca porteña. Por eso llamo urgentemente a las autoridades locales y privados, o quien se interese a fijar su atención en este histórico inmueble, para que entre todos puedan aportar económicamente a su levantamiento. Aquí, es de vital importancia prolongar de buena manera la vida útil de un lugar creado para y por la cultura. Crédito foto portada http://www.flickr.com/photos/labibliotecadevalparaiso/ Crédito foto interior: Daniela Fernández

***** Texto publicado en "La Otra Voz" (Viña del Mar - Chile) el día 21 de julio de 2010


Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar


martes, 6 de julio de 2010

Ocio en la ciudad

¿Sabe usted que el ocio es un tiempo valioso? ¿No? Pues sí lo es. Claro que cuando digo ocio no me refiero al tiempo que se gasta en mirar programas de televisión como “Yingo”, “Morandé con Compañía” o cualquier otro show sin mucho contenido. Cuando hablo de ocio estoy señalando aquellos momentos que se usan para compartir con los demás. Los momentos que caben en esa categoría los arquitectos lo conocemos como el “estar permaneciendo”. Un “estar” que se puede disfrutar tomando un café en el centro de Viña; en una caminata por el borde costero; o haciendo un picnic en una plaza o parque, como el Jardín Botánico. Otra pregunta, ¿usted ha notado como a veces la ciudad parece muerta, como si estuviese vacía? ¿Sí? Eso es porque la urbe se nutre del conjunto de experiencias interrelacionadas que generan sus ciudadanos y cuando escasea pasa justamente eso, parece como si no hubiese vida. Una cosa está relacionada con la otra, si el ocio se ocupa bien, no pasa lo anterior. En general, las preguntas que planteo se vinculan con tener un norte, un propósito, una intención como ciudad y que sus habitantes participen de ella, que generen sus espacios de ocio. Por eso me pregunto cuándo será el día que el alcalde de turno incentive a sus ciudadanos a explotar nuestra vocación como ciudad. Cualquier que esa sea. Que la autoridad logre de verdad mover a sus lugareños. Por ejemplo, sabía usted que lo “turístico” mata a Viña del Mar porque es sólo algo estacional, y que por otro lado, la chapa de “cultural” mata a Valparaíso, porque tiene poca consistencia. En el desarrollo de ambos centros urbanos estas temáticas han sido impuestas más por el azar que por una política determinada o una planificación. Y eso, estimados lectores, nos juega en contra a diario. Obviamente, entiendo que en ciertos periodos las arcas municipales y de privados se llenen gracias a estos “roles” culturales y turísticos. Sin embargo, creo que si reflexionamos bien, nos daríamos cuenta que esta plata cae en los bolsillos de algunos pocos y eso genera exclusión. Sí, exclusión. La misma exclusión que hace que la repartición de la riqueza sea absolutamente desigual. La misma exclusión que no permite la articulación e integración de las diversas clases sociales del país. Todo sería muy diferente si un gran porcentaje de los habitantes trabajase en un propósito común, apuntando a un mismo norte, para así generar unión y riqueza para todos. No hay que ser un experto para darse cuenta que ningún lugar es sustentable sin ingresos permanentes en el tiempo. Pero, ¿qué pasa si su población no tiene dinero para gastar en su propia ciudad? ¿Qué nos queda? Y si lo tuviera ¿Dónde lo gasta? ¿En el mall? Qué triste. Parece que el estado de nuestras ciudades es deficiente. El ocio no se toma en cuenta como una actividad que aparte de generar comercio y dinero, también activa a las urbes, logra que sean atractivas. Aquí parece que es despreciado, relegado a un par de meses del año; comprendido como algo que sólo es para el turista. Parece una contradicción que el “ocio” del verano cuando Viña y Valparaíso están repletos y llenos de vida, sea justamente lo que nos falta durante el resto del tiempo. Ese ocio que genera una buena convivencia, da trabajo, y de pasada, crea buena fama ante todo el país.

***** Texto que fue publicado en "La Otra Voz" (Viña del Mar - Chile) el día 6 de julio de 2010 *****


Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar