jueves, 25 de febrero de 2010

Las “imprecisiones” de la Av. España

Recorrer avenida España resulta impactante. Y creo que debe serlo para la ciudadanía en general, pues es bastante chocante la experiencia. La importante vía que conecta Valparaíso con Viña del Mar tiene un trayecto que resulta desagradable, por lo menos para mí. Y es raro, porque la ubicación de la avenida es privilegiada: a los pies de los cerros y recorriendo un hermoso borde costero. En este caso creo que la suma de factores es la que empeora el transitado camino. Como lo veo hay 3 cosas principales que afectan la experiencia. Primero, el mal estado del entorno inmediato de la avenida España. Segundo, el pésimo funcionamiento del transporte público. Y por último, las obras a medio terminar o sencillamente mal ejecutadas. Da un poco de pena pensar que esta arteria principal que tiene tanto potencial para ofrecer no solo un camino sino también todo un espectáculo en sí misma, se reduzca a ser una camino de mala muerte. Y para peor con tremendos tacos. La realidad lo demuestra. Por ejemplo, en el sector de Yolanda uno puede ver como los galpones están que se caen literalmente, hecho pedazos, destartalados, aumentando aquella sensación de abandono y descuido. Otro punto. Dentro de esta especie de “imprecisiones” urbanas se suma la mala planificación dada y que aún se le da a la tradicional Caleta Portales. En ella hoy se presenta una relación ilegible entre las marisquerías y los restaurantes. Cuestión que se agrava con el “techo-mirador” y la gran pasarela. Fíjese amigo lector, fíjese bien cuando la próxima vez pase bajo la pasarela Portales y vea en qué condiciones se encuentran los tres tramos que la componen. Fíjese en los variados materiales y las formas de la pasarela: parece un ser sucio y pegoteado de elementos inconexos. O una mala maqueta de arquitectura de un alumno de primer año (sin ánimos de ofender). Para dar el toque final nos topamos con el Nudo Barón. Su aporte real al tránsito vehicular puede ser objetado, pues su presencia entristece aún más la entrada al viejo Valparaíso. Además, es muy desagradable el color anaranjado con el que se pintó la Escuela Superior Industrial de Valparaíso y una lástima los supuestos miradores de la burla llamada Paseo Wheelright. Estimados lectores, siempre hay que considerar que cada trocito de la ciudad es una parte integral del concepto mayor que significa la urbe. Y por eso cada uno de ellos de presentar un aspecto físico saludable. Cuando no es así, perdemos todos, porque claro una de las cosas que tenemos en común es que todos habitamos un mismo territorio. Es decir, compartimos a diario un mismo paisaje urbano que estoy seguro que con un buen manejo puede enorgullecer y generar alegría. Para mí, como arquitecto, la avenida España hoy por hoy es una fiel muestra del estado real del Gran Valparaíso: una avenida triste, inexpresiva y por sobretodo absolutamente desfasada de su tiempo.

***** Texto publicado en "La Otra Voz" (Viña del Mar - Chile) el día 25 de febrero de 2010 *****


Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar


miércoles, 10 de febrero de 2010

La súper "cala"

Son las siete y media de una tarde de verano y estoy acá sentado en el mirador Jorge Alessandri, justo arriba de Caleta Abarca, en el Cerro Castillo. El sol me encandila, mientras intento observar como las personas se divierten en la playa. Sin embargo, no puedo mirar como quiero, es que está la nueva súper “cala” frente a mí y me roba la atención. Como soy arquitecto, la mayoría de las manifestaciones artísticas, un simple paisaje, una vieja estatua o incluso la ciudad misma, me entretienen. La estructura, que quiere semejarse a una “cala”, es de color blanco y tiene una similar altura a las palmeras que están en el sector. Supongo que es una metáfora de una flor, obviamente no es una gigante. Más bien, parece un embudo que fue víctima del calor veraniego y perdió su forma original. Sí, es como un embudo semi aplastado. A simple vista, está en el centro de una plaza, o mejor dicho, lo que quiere ser una plaza. Ésta se ubica a un costado de la playa y a un costado de una avenida principal. Son de estas nuevas plazas, bien de moda: suelo de hormigón rodeado por escaleritas que van para acá y para allá; como si el hecho de estar en una plaza se redujese solamente a subir y bajar, sin ir a ningún lado. Existe en el urbanismo, queridos lectores, un principio básico y fundamental: “todo aquello que se coloca a un lado de una arteria principal no funciona”. Salvo, claro, que el panorama que ofrezca el sector sea verdaderamente interesante y atractivo. En este caso, la playa Caleta Abarca, a pesar de estar en esta condición desfavorable sí logra atraer gente, reúne y congrega a las personas. Toda una gracia. La “placita”, en cambio, no logra reunir ni congregar, o sea, no revierte la situación desfavorable por ubicarse ahí. Al menos yo, que paso todos los días por ahí, ya sea desde Recreo o por la plaza misma, nunca he visto a mucha gente por ahora. Desde ahí viene mi reflexión. Quizás si la imitación de cala hubiese sido otra cosa, con otro sentido y significado para el lugar, regalaría vida al terreno de cemento. Porque -y por favor amigo lector entiéndame bien- ese es el objetivo de este tipo de lugares, darles un destino público y no tan sólo que funcionen como adorno para que aparenten algo que no son. En este sentido la “cala” pudo haber sido perfectamente un “copihue” gigante, una “araucaria” o cualquier otra cosa. Sin embargo, es una “cala”; una triste representación de algo que a nadie le interesa y menos representa. Unos de esos “bichos” que de tanto en tanto florecen y que entorpecen el destino de algunas partes de la urbe viñamarina. Creo que esa debió ser la misión: ser un aporte real para el lugar, llenándolo de algún significado y, por qué no, constituirse en el hito que demarcara la entrada a Viña del Mar desde Valparaíso o viceversa, la salida de la Ciudad Jardín, yendo hacia el puerto. Ni menos, ni más. No se pedía que fuera algo espectacular o algo ostentoso, sino un elemento simple y entendible para toda la ciudadanía, de tal modo que conformara una unidad con la playa y le otorgara a ésta una identidad única diferenciándola del resto, reforzando su imagen en la mente de cada uno de los habitantes que gustan de disfrutar del mar. La sigo mirando y se me ocurre que ya no es ni una cala ni un embudo, sino una antorcha gigante que se chamuscó o que nunca se pudo encender.

***** Texto publicado en "La Otra Voz" (Viña del Mar - Chile) el día 10 de febrero de 2010 *****


Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar


jueves, 4 de febrero de 2010

Concurso “Muelle Vergara” en foro sobre Viña del Mar

* Colaboración de Iván Henríquez y Sebastián Labra para Plataforma Urbana. (ver pie de página) *

El sábado pasado se reunieron profesionales y vecinos de la ciudad jardín que discutieron sobre el desarrollo del borde costero y la proyección de su identidad viñamarina. Además, fueron lanzadas las bases del concurso Muelle Vergara, que premiará a la mejor propuesta de diseño con un millón de pesos. ¿Más datos acerca de esta iniciativa? Te los damos después del salto. El concejal y presidente de la comisión de obras de la municipalidad, Andrés Celis, y Soledad Saavedra, licenciada en Historia y Educación exhibieron sus puntos de vista acerca del rumbo y el desarrollo que ha tenido la ciudad viñamarina durante estos últimos 50 años en el foro Viña, ¿la ciudad que queremos? dando paso a un debate con los vecinos sobre el progreso arquitectónico de la denominada “Ciudad Bella”; junto con el realizador audiovisual, Edgar Doll, quien exhibió su documental “Lugar de encuentro” congregando a más de 70 personas en el Hotel San Martín. La temática de este foro fue la reflexión de la relación ciudad-habitante, tanto a través de la ecología urbana, la geografía particular de la ciudad y los modos de habitar su territorio para una futura planificación. Esta reflexión vino dada por el vivir la ciudad y la “participación real que se hace en ella” por parte de sus habitantes. En la discusión se plantearon además las dicotomías que posee Viña del Mar, como la fea estética de los cerros en contraste al plan viñamarino, así también la perdida de los espacios públicos que han ido desapareciendo en pos del “progreso”, es decir, restaurantes, mall y centros comerciales, cuestión que ha perjudicado los centros de reunión como plazas, piscinas públicas o parques. En el documental de Doll se presenta el grado de hermandad que poseen las ciudades de Valparaíso y Viña del Mar, pero que en su origen son profundamente diferentes: Viña del Mar se configura desde el interior hacia el borde, mientras Valparaíso desde el borde hacia sus cerros y cómo en esa época era común que las personas vivieran en Viña, trabajasen en Valparaíso y en su hora de colación fuesen a las piscinas viñamarinas para descansar y luego regresar a su trabajo al “puerto”. También la obra audiovisual exhibe la decadencia que comienza en la década de los ’60 donde la Ciudad Jardín paulatinamente pasa de ser una ciudad apacible, a una ciudad empresarial, luego de torres y ahora de adefesios urbanos, finalizando este proceso con la demolición en el año 1982 de la piscina de Recreo, donde hoy en día la venta de departamentos es excusada por la “venta de vista al mar” y la calidad de vida ha cambiado radicalmente por una mal entendida modernidad. Para finalizar el concejal Andrés Celis leyó las bases del concurso “Muelle Vergara”, aclarando que éstas fueron enfocadas en la recuperación de este espacio para transformarlo en un paseo peatonal. Quien postule el mejor diseño será ganador de un millón de pesos, premio que es financiado por la dueña del Hotel San Martín, Marta Escudero, que decidió ofrecer este concurso público como una manera de fomentar el interés por el cuidado y mantención de la ciudad.


 ***** Texto publicado en Plataforma Urbana (Santiago de Chile) el 3 de febrero de 2010, cuya autoría es de Valeria Barahona y que resultó de la colaboración antes mencionada *****


Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar