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Hola,

soy Iván


Un poco de mi

Hola! Arquitecto de profesión, vivo en Viña del Mar, Chile. Amante de la música, lo holístico, la historia y las películas. También me gusta el tai-chi y mi pasión es leer.

La web de mi oficina de arquitectura: "ARQYDIS" Saludos !

Perfil

Iván Henríquez

Información personal

Iván Henríquez

Una regalo: "Be here now" (G. Harrison).

Cumpleaños: 18 julio 1979
Móvil: +56986796875
Web: www.ivanhenriquez.cl
E-mail: consultores@arqydis.cl

C.VITAE

Te comento un poco de lo que hago


Experiencia laboral

  • 2009-presente

    "Arqydis" Arquitectura Y Diseño de Proyectos Sanitarios @ Arquitecto

    Arquitecto y Proyectista de Instalaciones Sanitarias. Diseño y gestión completa de proyectos de arquitectura y de instalaciones sanitarias urbanas y rurales.

  • 2013-2013

    Serviu XII región @ Asistente técnico

    Proyectista, cubicador e ITO Proyectos de Aislación Térmica.

  • 2013-2013

    Serviu V región @ Asistente técnico

    Proyectista, cubicador e ITO para Subsidio de Autoconstrucción Asistida.

Educación

  • 2016

    IAB Spain-FUNDACIÓN SANTA MARÍA LA REAL @cursos

    CURSO BÁSICO DE MARKETING DIGITAL. CURSO DE PRODUCTIVIDAD PERSONAL EN LA ERA DIGITAL

  • 2002-2009

    P.U.C.V @ diplomado

    Diplomado, Diseño y Gestión de Instalaciones Sanitarias Domiciliarias.

  • 2002-2009

    Universidad de Viña del Mar @ arquitecto

    Licenciado en Arquitectura, Arquitecto.

Habilidades & Gustos

arquitecto
meditación
Puntual
Música
AutoCad
98%
libros

Ideas

Algunos pensamientos


La gran biblioteca

La gran biblioteca

Es imposible no notarlo. Ya sea caminando o sencillamente pasando en auto, a simple vista, la Biblioteca Santiago Severín de Valparaíso tiene en su fachada severos daños. Cada uno de sus lados sufren un gran deterioro y resulta desolador ver como un hito porteño se halla en estas condiciones. Esta biblioteca que se encuentra frente a la plaza Simón Bolívar en Valparaíso, se creó en 1873 y hasta 1920 fue la única biblioteca pública de Chile, obviamente fue catalogada como Monumentos Nacional. Un sitio vital en la cultura porteña. Nunca me voy a olvidar cuando en 1999 sufrió un incendio en su tercer piso y donde se perdieron alrededor de 1500 libros históricos, piezas de extraordinario valor para la ciudad puerto. Y claro, tampoco hay que olvidar que antes del terremoto de este año el edificio ya había soportados otros grandes sismos a lo largo de su historia, evidenciando las inclemencias del tiempo. Sin embargo, de manera estoica este edificio está ahí siempre para todos nosotros. Pese a que las autoridades poco o nada hacen para protegerlo y que pareciese que su chapa de monumento, es sólo una mención anecdótica. Es que no hay que ser muy inteligente para darse cuenta de su increíble importancia para una ciudad Patrimonio de la Humanidad y, supuestamente, muy cultural. Valparaíso tiene muchas carencias no hay un gran museo, ni un complejo deportivo de excelencia o un gran centro cultural. Y lo único que se mantiene pese a todo -y debería ser potenciado- es la gran Biblioteca Santiago Severín. La gran biblioteca porteña. Por eso llamo urgentemente a las autoridades locales y privados, o quien se interese a fijar su atención en este histórico inmueble, para que entre todos puedan aportar económicamente a su levantamiento. Aquí, es de vital importancia prolongar de buena manera la vida útil de un lugar creado para y por la cultura. Crédito foto portada http://www.flickr.com/photos/labibliotecadevalparaiso/ Crédito foto interior: Daniela Fernández

***** Texto publicado en "La Otra Voz" (Viña del Mar - Chile) el día 21 de julio de 2010


Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar


Ocio en la ciudad

Ocio en la ciudad

¿Sabe usted que el ocio es un tiempo valioso? ¿No? Pues sí lo es. Claro que cuando digo ocio no me refiero al tiempo que se gasta en mirar programas de televisión como “Yingo”, “Morandé con Compañía” o cualquier otro show sin mucho contenido. Cuando hablo de ocio estoy señalando aquellos momentos que se usan para compartir con los demás. Los momentos que caben en esa categoría los arquitectos lo conocemos como el “estar permaneciendo”. Un “estar” que se puede disfrutar tomando un café en el centro de Viña; en una caminata por el borde costero; o haciendo un picnic en una plaza o parque, como el Jardín Botánico. Otra pregunta, ¿usted ha notado como a veces la ciudad parece muerta, como si estuviese vacía? ¿Sí? Eso es porque la urbe se nutre del conjunto de experiencias interrelacionadas que generan sus ciudadanos y cuando escasea pasa justamente eso, parece como si no hubiese vida. Una cosa está relacionada con la otra, si el ocio se ocupa bien, no pasa lo anterior. En general, las preguntas que planteo se vinculan con tener un norte, un propósito, una intención como ciudad y que sus habitantes participen de ella, que generen sus espacios de ocio. Por eso me pregunto cuándo será el día que el alcalde de turno incentive a sus ciudadanos a explotar nuestra vocación como ciudad. Cualquier que esa sea. Que la autoridad logre de verdad mover a sus lugareños. Por ejemplo, sabía usted que lo “turístico” mata a Viña del Mar porque es sólo algo estacional, y que por otro lado, la chapa de “cultural” mata a Valparaíso, porque tiene poca consistencia. En el desarrollo de ambos centros urbanos estas temáticas han sido impuestas más por el azar que por una política determinada o una planificación. Y eso, estimados lectores, nos juega en contra a diario. Obviamente, entiendo que en ciertos periodos las arcas municipales y de privados se llenen gracias a estos “roles” culturales y turísticos. Sin embargo, creo que si reflexionamos bien, nos daríamos cuenta que esta plata cae en los bolsillos de algunos pocos y eso genera exclusión. Sí, exclusión. La misma exclusión que hace que la repartición de la riqueza sea absolutamente desigual. La misma exclusión que no permite la articulación e integración de las diversas clases sociales del país. Todo sería muy diferente si un gran porcentaje de los habitantes trabajase en un propósito común, apuntando a un mismo norte, para así generar unión y riqueza para todos. No hay que ser un experto para darse cuenta que ningún lugar es sustentable sin ingresos permanentes en el tiempo. Pero, ¿qué pasa si su población no tiene dinero para gastar en su propia ciudad? ¿Qué nos queda? Y si lo tuviera ¿Dónde lo gasta? ¿En el mall? Qué triste. Parece que el estado de nuestras ciudades es deficiente. El ocio no se toma en cuenta como una actividad que aparte de generar comercio y dinero, también activa a las urbes, logra que sean atractivas. Aquí parece que es despreciado, relegado a un par de meses del año; comprendido como algo que sólo es para el turista. Parece una contradicción que el “ocio” del verano cuando Viña y Valparaíso están repletos y llenos de vida, sea justamente lo que nos falta durante el resto del tiempo. Ese ocio que genera una buena convivencia, da trabajo, y de pasada, crea buena fama ante todo el país.

***** Texto que fue publicado en "La Otra Voz" (Viña del Mar - Chile) el día 6 de julio de 2010 *****


Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar


La deteriorada Av. Perú

La deteriorada Av. Perú

Compartiremos creo yo, amigo lector, el mismo pensamiento: la avenida Perú es uno de los mejores espacios públicos de Viña del Mar. Es un lugar con carácter e identidad, de esos que casi siempre escasean en las ciudades chilenas, pero que tienen la inmensa virtud de poder constituir un referente urbano. Llámele postal de Viña, llámele lugar de encuentro o llámele lugar de paseo. Creo que todos y cada uno de los adjetivos anteriores son absolutamente ciertos y acertados. Es por eso que le pregunto: ¿podría usted imaginar Viña del Mar sin su avenida Perú? Yo, para serle sincero, no podría. Ahora bien, le cuento con mucha preocupación que veo a diario como este lugar se despotencia y pierde sus buenas cualidades urbanas. Por ejemplo, me preocupa observar como periódicamente aumentan la cantidad de textos bíblicos pintados con color amarillo sobre las rocas de la avenida. No es que tenga nada en contra de las citas bíblicas, pero no me parece pertinente usarlos como soporte gráfico para inculcarnos las enseñanzas de Jesús casi a la fuerza, no corresponde. También me preocupa ver que el ex restaurante Chez-Gerald ya se encuentra casi en estado de ruina histórica. Me preocupa darme cuenta cómo pasan los años y el muelle Vergara sigue botado y abandonado y que cuando las “victorias” de los caballos se estacionan en vía se transforma en un meadero y mosquerío ordinario y vulgar. Todo lo anterior, querido lector, me preocupa mucho. Sin embargo, después de preocuparme y reflexionar, me indigno. Y mucho. Me indigno al caminar por ahí y ver los horripilantes asientos públicos construidos hace un par de años. Son una porquería. ¿No me cree? ¿Ha tomado asiento alguna vez en ellos? Son lo más incomodo que hay. Tampoco olvidemos que la materialidad de ellos ha pululado entre el metal y la madera, con el gasto que esto implica. Desde el comienzo fueron mal pensados y proyectados. Si no fuera así, no poseerían problemas ergonómicos y tampoco hubiesen tenido que cambiar sus materiales para que alguien los usara. Me indigna, más que lo anterior, ver las terracitas de 2×2 mts que se construyeron por sobre la larga baranda amarillenta que separa la calle del roquerío: ¿le podemos llamar terrazas a estas plataformas enanas y mal equipadas? ¿cuántas veces Ud. Las ha usado? o ¿las ha usado? Estoy casi seguro de que NO. Para finalizar, sencillamente me desquicia ver la “ofrenda” que la empresa sanitaria ESVAL le hizo a nuestra ciudad hace un par de años. Sí, aquel especie de monumento que está ubicada justo al frente al Hotel del Mar. Esta cosa que es un “tubo”, un respiradero del emisario que trae los desechos de Esval, apunta al cielo y está por sobre un arco de cemento. ¿Será arte abstracto? No lo creo ¿Expresión futurista? Tampoco ¿Alguna escultura “volada”? Menos. ¿Cómo es que Viña del Mar, “capital” turística de Chile, puede aceptar algo tan rasca? ¿Y cómo ESVAL puede ser tan miserable para regalar esta “basura”? El consuelo que me queda es el siguiente. Como la Ilustre Municipalidad de Viña del Mar anda con la cabeza en las nubes, lo más probable es que se haya olvidado de la Avenida Perú y esto, amigo mío, al final de cuentas no es malo, pues así nos aseguramos que ninguna autoridad le va a meter mano a este referente viñamarino y, por ende, no lo va a tratar de “embellecer” estropeándolo cada vez más.

***** Texto publicado en "La Otra Voz" (Viña del Mar - Chile) el 16 de junio de 2010 ***** 


Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar 


El congreso tosco, torpe e ingenuo

El congreso tosco, torpe e ingenuo

Primero un poco de historia. La construcción del edificio Congreso Nacional se inició en octubre de 1988. Su inauguración se produjo 2 años después. La autoría de este edificio es de los arquitectos chilenos Juan Cárdenas, José Covacevic y Raúl Farrú (más detalles acá). El gran edificio cuenta con 25 mil metros cuadrados y en la época que este proyecto fue el ganador, de un total de menos de 40 propuestas finales, se le calificó como un proyecto “austero, digno y trascendente” por parte del jurado; un jurado que contó con 3 premios nacionales de arquitectura, 7 arquitectos, un ingeniero civil y un arquitecto representante de la Junta de Gobierno Militar (era que no). Dentro de los participantes estuvieron presentes destacados arquitectos nacionales como por ejemplo Borja Huidobro, Guillermo Julian o Iglesis y Prat. (Arquitectos reconocidos en todo el mundo) (info aquí). Ahora bien, lo que voy a plantear a continuación como crítica urbana es bastante simple y entendible para todos: este edificio es una porquería de edificio. Tal cual. No hay términos medios. Tampoco concesiones de tipo estilísticas. ¿Qué arraigo tiene ese edificio “monstruo” con nuestra ciudad? ¿Cómo se desenvuelve la vida en torno a este recinto “ícono” de la ciudad? ¿Qué le ofrece esta “cajita” a nuestra urbe? Nada. Absolutamente nada. Planteo esto porque el edificio “está ahí”, pero no se percibe. Es decir, sufre de una terrible enfermedad: no tiene personalidad ni carácter. Si bien es cierto que su estética es post-modernista (a la chilena), también es cierto que el lenguaje que emplea es tosco, torpe e ingenuo. Tosco, porque no logra crear un diálogo ni con su entrono inmediato ni con el lejano. Recordemos que está en el sector El Almendral, no olvidar eso. Torpe, porque es un edificio mal armado en su conjunto. No porque tenga altura tiene “presencia”. No porque sea grande tiene “peso”. Recordemos que se encuentra en la intersección de la avenida Argentina con Pedro Montt. Y es ingenuo, porque no basta con dirigir un pórtico enorme en el sentido norte-sur para definir un propósito arquitectónico armónico. Sin embargo, y de manera increíble, está sindicado en la página www.chile.com como uno de los “atractivos” de la ciudad de Valparaíso. No vaya a creer usted señor(a) lector(a) que me resulta tan fácil bombardear este edificio, bien consciente estoy de lo que cuesta arrancarle aunque sea una “miguita” de pan a Santiago. Esta última reflexión debe ser la que más me indigna, porque teniendo en antecedente la poca inversión que hace Chile en las afueras de su capital simplemente parece una broma macabra otorgarnos el “derecho” de albergar a los honorables legisladores en este adefesio urbano o mal formación arquitectónica. ¿Será acaso que el equipo ganador no vino a darse una vuelta corta al viejo Valparaíso para entender su escala, su trama y sus particularidades? Mirando el resultado es bastante posible. PD: Recomiendo visitar la biblioteca refaccionada y equipada hace un par de años. ¿Ve que no todo es tan malo mi querida porteña buenamoza?

***** Texto publicado en "La Otra Voz" (Viña del Mar - Chile) el día 13 de mayo de 2010 *****


Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar


¿Estadio Sausalito?

¿Estadio Sausalito?

Entretención, una de las misiones fundamentales de una verdadera urbe integradora y profundamente ciudadana. Para un lector culto cae de cajón que aquello llamado ocio, es un bien invaluable y sumamente necesario para la vida cotidiana. Viña del Mar en ese sentido durante el verano es un excelente panorama. El ocio acá abunda y en sus mejores momentos la Ciudad Jardín siempre tuvo lugares o actividades a las cuales acudir. Sin embargo, los buenos tiempos cada vez se alejan más. La mala administración municipal ha hecho que perdamos eventos significativos. Por ejemplo el clásico ATP de Tenis o el Sudamericano de Voleibol Playa. Claro que el problema es que cuando uno piensa en Viña no se puede evitar referirse únicamente a actividades de verano. Un estacionalidad maldita que persigue a la “Ciudad Bella”. Pero la realidad lo dice todo. La Quinta Vergara se ocupa poco o nada, y no tenemos un centro de eventos para traer grandes artistas o espectáculos, es decir, entre marzo y diciembre la urbe viñamarina es francamente desalentadora. Es que aquí no hay muchos lugares donde la familia se entretenga durante todo el año. Casi nunca hay conciertos masivos de música, aunque en la historia nacional jamás se habían paseado tantos grupos por Chile. Para qué hablar de ferias o exposiciones de gran renombre. Cero. Eso sí, acá la actividad familiar que creo se constituye como un hábito arraigado en esta zona es ir al estadio. O por lo menos así era cuando el estadio Sausalito aún estaba abierto. Es que en general las barras locales no causan tanto destrozo en comparación a lo que sucede en partidos santiaguinos, y todavía es una experiencia agradable. Además, según lo que he visto hay gran cantidad de mujeres y niños que asisten a estos encuentros; cuestión que lleva a preguntarse: ¿En cuántas ciudades van tantas mujeres al estadio? ¿En cuántas ciudades van niños a compartir, jugar e incluso conocerse y no sólo a tirar piedras o escupir y garabatear? No creo que en muchas. Entonces que el estadio Sausalito esté cerrado a casi dos meses del terremoto me resulta terrible. Perder un espacio de esparcimiento y diversión es realmente preocupante. Pero qué ocurre que todavía no se hace nada. Viña del Mar se jacta de ser una de las ciudades más ricas de Chile, pero todavía nada de nada. Sólo promesas de autoridades que finalmente nunca se cumplen. Al parecer el recinto futbolero no es una prioridad. Pese a que sea uno de los pocos lugares que convoca a la familia entera y que puede ser utilizado durante todo el año. Incluso nos perdimos un gran evento como ser sede de la Copa América 2015, lo que se traduce también a pérdida económica. Así como vamos en Viña vamos a necesitar un milagro para que la ciudad vuelva a brillar. Recemos a San Expedito.

***** Texto publicado en "La Otra Voz" (Viña del Mar - Chile) el día 22 de abril de 2010 *****


Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar

La historia sin fin

La historia sin fin

Estuve dos semanas en Cartagena, una ciudad de la Quinta Región donde yace enterrado el gran poeta chileno Vicente Huidobro, realicé evaluaciones pos terremoto de daños en construcciones en la zona declarada como “típica”. El municipio de la ciudad solicitó ayuda al Colegio de Arquitectos de Valparaíso y éste convocó a un grupo profesional para que, de manera voluntaria, hiciéramos un catastro del daño, un informe detallado del nivel de deterioros observados. Cartagena fue alguna vez un balneario de los ricachones de Santiago. Hoy en día es la comuna más pobre de la región de Valparaíso. Sin perjuicio de lo anterior, su gente es cálida, cariñosa y abierta. La zona típica la componen un conjunto de casas señoriales de época. Son casas preciosas construidas mayormente en madera, con relleno de adobillo o adobe. Vale decir que aquí el sismo tuvo una intensidad de más de 8 grados Richter, según nos contaron las autoridades locales. A la hora de reflexionar sobre los daños estructurales en cada vivienda es imposible obviar los siguientes factores que, de una u otra manera, acentuaron los estragos que el terremoto generó. -El grado, tipo y periodicidad de mantención de cada vivienda. -Donde se emplaza cada una y las características inherentes del lugar. -La tectónica desarrollada al construir la vivienda en cada uno de sus sistemas constructivos. -Los usos que ha recibido la vivienda a lo largo de su vida útil. No es de extrañar entonces que me haya tocado tanto a mí como a mis compañeros inspeccionar hogares de adobe de 2 pisos sin ningún tipo de compromiso estructural, es decir, casas “sanas”. En cambio, hubo casas de hormigón totalmente destruidas, listas para recibir la orden de demolición. Quiero eso sí dejar claro que a la hora de consignar las “responsabilidades” profesionales por la caída de ciertas casas y edificios, me parece complicado e imposible atribuirlo a una sola persona. La trama urbana de una ciudad se construye de forma compleja, y gracias a una suma de acciones y responsabilidades individuales, aunque claro es siempre un peso que carga la autoridad municipal de turno. Hay planos reguladores de por medio, profesionales que planifican las edificaciones, otro que evalúan estas construcciones de que cumplan la norma y así habitarlas. Y por último existe la ética profesional. A todo lo anterior sumó la voluntad y el deber político de proyectar la ciudad que queremos y cómo ésta se hace sostenible en el tiempo. Y claro esa es la clave en Chile. Pero no en la mayoría de las veces el crecimiento se ve supeditado a meras especulaciones monetarias o usos del terreno de forma económica. Eso pude apreciar en este viaje, sólo soluciones parches después del terremoto de 1985. Un ejemplo fue un edificio de hormigón armado donde todas sus fachadas colapsaron en aquella fecha. Como era de suponer esta vez también cayeron. Los arreglos del 85 fueron penosos: hormigones con piedras enormes y no pequeñas como debe ser; paredes rellenas con arena de mar, donde se podía ver las conchas y además pilares que contenían chuzos de fierro. Impresentable. ¿Qué podría hacer que una empresa que refacciona daños estructurales los empeore? ¿De quién es la responsabilidad? En este caso el propietario del edificio confió en una empresa de profesionales y obreros, les encargó la reparación y consolidación estructural del recinto. Y como debe ser (o debió) la autoridad veló porque cada etapa fuese desarrollada de acuerdo a las normas establecidas y las validó. Al terminar, todos felices y contentos. El tema de fondo es la ética presente en cada actor de este juego. Una que queda circunscrita en la proyección de la ciudad en su conjunto. He ahí el problema: la falta de ética y de políticas con una mirada verdadera al futuro. Mientras tanto creo que podemos reconstruir lo dañado en Cartagena de la mejor manera posible y seguir luchando para que esta ciudad tenga un destino real y salga de la pobreza en la cual se encuentra sumida. Mientras tanto creo que podemos evitar que la historia se repita de nuevo.

***** Texto publicado en "La Otra Voz" (Viña del Mar - Chile) el día 9 de abril de 2010 *****


Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar


El viejo centro de Viña

El viejo centro de Viña

Por lo general los centros urbanos de las ciudades modernas siempre se han constituido por edificios en altura, pues el simbolismo que implica para el simple observador es potente y además permiten la concentración de grandes actividades comerciales, laborales, entre otras cosas. El centro histórico de Viña del Mar es el caso, en específico la calle Valparaíso y sus alrededores. Para verlo sólo hay que dar una vuelta a las 5 o 6 de la tarde en la semana y examinar el gran ajetreo que se produce. Sin embargo, en perjuicio de lo anterior, hay interrogantes que nacen cuando vemos aquel ir y venir de personas que caminan como programadas, pues si uno se fijará bien por dónde camina, irremediablemente tendríamos que preguntarnos qué ocurrió con la calidad urbana y social de este sector, tan importante para la Ciudad Jardín. ¿Desde cuándo es que la pobreza, estamos hablando de una de las comunas más ricas de Chile, ha florecido prácticamente en cada una de las esquinas de su centro histórico? ¿Por qué el olor a fritanga, los autos y sus bocinazos neuróticos, o las viejitas que piden limosnas se han tomado esta calle que era y es un ícono de la ciudad? Pero vamos por parte. ¿A qué se va al centro? Podría ser mirar, pasear, caminar y recorrer; todo lo que corresponde a la vida ciudadana, que puede ser asuntos comerciales, de trabajo, o de ocio. No obstante, para el tipo que trabaja de 8 a 10 horas diarias y que vive en Curauma o en Concón difícilmente tendrá ganas de regresar a las ocho de la noche al Teatro Municipal a ver alguna obra. Y menos lo hará, considerando que este espacio no ofrece espectáculos que sean capaces de motivar a las personas. Lo que ocurre acá se explica con el concepto de “ciudad disgregada”. Una definición que trae consigo problemas de diversas índoles. El mal manejo de recursos económicos al urbanizar a pequeñas “poblaciones islas” que al final están desarraigadas totalmente del resto, provocan una evidente depresión por vivir separados unos de otros, sin ningún sentido de pertenencia y menos con un intercambio cultural entre ellos, perjudicando sus espacios públicos y especialmente a su centro. Así se nos presenta hoy una urbe más deteriorada. En un estado influido por múltiples factores de crecimiento económico, demográfico y geográfico. La ciudad fraccionada en su forma concreta tanto como en su modo de vida, abarcando desde el habitante del centro viñamarino hasta el de la periferia en los cerros. Los habitantes al vivir separados unos de otros no comparten con los demás, desaprovechando las plazas o equipamientos urbanos, cuestión que conduce a la ausencia de uno de los ingredientes fundamentales de la sociedad: el debate de ideas, las ganas de compartir experiencias y puntos de vista o la simple conversación que siempre nos deja algo positivo. Con esta falta de encuentros finalmente disminuye la masa de ciudadanos participativos y se transforman en solo meros espectadores, mermando también la vitalidad del centro y su mejoramiento, como actualmente ocurre. Por lo tanto, el camino a recorrer es largo. La comuna debe asumir la condición de que el Gran Valparaíso ya cambió. La Ciudad Jardín tiene mucha pobreza. La Ciudad Jardín tiene muchas tomas. La Ciudad Jardín no es un jardín. La Ciudad Jardín está siendo mal manejada y peor proyectada. La calle Valparaíso es un ejemplo. Para quienes aprecian vivir en edificios en el centro de Viña del Mar y ven esto como un bien para sus vidas, deben comprender también que hay que gozar de espacios idóneos para reconstruir aquello que hoy por hoy parece tan lejano en primera instancia: entornos limpios, espacios de discusión, lugares para el ocio, etc. De este modo, podremos seguir creyendo en el concepto de ciudad como tal, así como podremos seguir creyendo en el centro urbano como el gran espacio de encuentro e intercambio de ésta misma. Lo concreto ahora es que los ciudadanos eligen si quieren o no ser partícipes de esta realidad. Es la nueva ciudad y su nuevo modo de habitarla su responsabilidad y de las autoridades. No hay que ser indiferentes porque si calle Valparaíso hoy está como está, es responsabilidad de todos.

***** Texto publicado en "El Martutino" (Valparaíso -  Chile) el día 16 de marzo de 2010 *****


Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar

Las “imprecisiones” de la Av. España

Las “imprecisiones” de la Av. España

Recorrer avenida España resulta impactante. Y creo que debe serlo para la ciudadanía en general, pues es bastante chocante la experiencia. La importante vía que conecta Valparaíso con Viña del Mar tiene un trayecto que resulta desagradable, por lo menos para mí. Y es raro, porque la ubicación de la avenida es privilegiada: a los pies de los cerros y recorriendo un hermoso borde costero. En este caso creo que la suma de factores es la que empeora el transitado camino. Como lo veo hay 3 cosas principales que afectan la experiencia. Primero, el mal estado del entorno inmediato de la avenida España. Segundo, el pésimo funcionamiento del transporte público. Y por último, las obras a medio terminar o sencillamente mal ejecutadas. Da un poco de pena pensar que esta arteria principal que tiene tanto potencial para ofrecer no solo un camino sino también todo un espectáculo en sí misma, se reduzca a ser una camino de mala muerte. Y para peor con tremendos tacos. La realidad lo demuestra. Por ejemplo, en el sector de Yolanda uno puede ver como los galpones están que se caen literalmente, hecho pedazos, destartalados, aumentando aquella sensación de abandono y descuido. Otro punto. Dentro de esta especie de “imprecisiones” urbanas se suma la mala planificación dada y que aún se le da a la tradicional Caleta Portales. En ella hoy se presenta una relación ilegible entre las marisquerías y los restaurantes. Cuestión que se agrava con el “techo-mirador” y la gran pasarela. Fíjese amigo lector, fíjese bien cuando la próxima vez pase bajo la pasarela Portales y vea en qué condiciones se encuentran los tres tramos que la componen. Fíjese en los variados materiales y las formas de la pasarela: parece un ser sucio y pegoteado de elementos inconexos. O una mala maqueta de arquitectura de un alumno de primer año (sin ánimos de ofender). Para dar el toque final nos topamos con el Nudo Barón. Su aporte real al tránsito vehicular puede ser objetado, pues su presencia entristece aún más la entrada al viejo Valparaíso. Además, es muy desagradable el color anaranjado con el que se pintó la Escuela Superior Industrial de Valparaíso y una lástima los supuestos miradores de la burla llamada Paseo Wheelright. Estimados lectores, siempre hay que considerar que cada trocito de la ciudad es una parte integral del concepto mayor que significa la urbe. Y por eso cada uno de ellos de presentar un aspecto físico saludable. Cuando no es así, perdemos todos, porque claro una de las cosas que tenemos en común es que todos habitamos un mismo territorio. Es decir, compartimos a diario un mismo paisaje urbano que estoy seguro que con un buen manejo puede enorgullecer y generar alegría. Para mí, como arquitecto, la avenida España hoy por hoy es una fiel muestra del estado real del Gran Valparaíso: una avenida triste, inexpresiva y por sobretodo absolutamente desfasada de su tiempo.

***** Texto publicado en "La Otra Voz" (Viña del Mar - Chile) el día 25 de febrero de 2010 *****


Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar


La súper "cala"

La súper "cala"

Son las siete y media de una tarde de verano y estoy acá sentado en el mirador Jorge Alessandri, justo arriba de Caleta Abarca, en el Cerro Castillo. El sol me encandila, mientras intento observar como las personas se divierten en la playa. Sin embargo, no puedo mirar como quiero, es que está la nueva súper “cala” frente a mí y me roba la atención. Como soy arquitecto, la mayoría de las manifestaciones artísticas, un simple paisaje, una vieja estatua o incluso la ciudad misma, me entretienen. La estructura, que quiere semejarse a una “cala”, es de color blanco y tiene una similar altura a las palmeras que están en el sector. Supongo que es una metáfora de una flor, obviamente no es una gigante. Más bien, parece un embudo que fue víctima del calor veraniego y perdió su forma original. Sí, es como un embudo semi aplastado. A simple vista, está en el centro de una plaza, o mejor dicho, lo que quiere ser una plaza. Ésta se ubica a un costado de la playa y a un costado de una avenida principal. Son de estas nuevas plazas, bien de moda: suelo de hormigón rodeado por escaleritas que van para acá y para allá; como si el hecho de estar en una plaza se redujese solamente a subir y bajar, sin ir a ningún lado. Existe en el urbanismo, queridos lectores, un principio básico y fundamental: “todo aquello que se coloca a un lado de una arteria principal no funciona”. Salvo, claro, que el panorama que ofrezca el sector sea verdaderamente interesante y atractivo. En este caso, la playa Caleta Abarca, a pesar de estar en esta condición desfavorable sí logra atraer gente, reúne y congrega a las personas. Toda una gracia. La “placita”, en cambio, no logra reunir ni congregar, o sea, no revierte la situación desfavorable por ubicarse ahí. Al menos yo, que paso todos los días por ahí, ya sea desde Recreo o por la plaza misma, nunca he visto a mucha gente por ahora. Desde ahí viene mi reflexión. Quizás si la imitación de cala hubiese sido otra cosa, con otro sentido y significado para el lugar, regalaría vida al terreno de cemento. Porque -y por favor amigo lector entiéndame bien- ese es el objetivo de este tipo de lugares, darles un destino público y no tan sólo que funcionen como adorno para que aparenten algo que no son. En este sentido la “cala” pudo haber sido perfectamente un “copihue” gigante, una “araucaria” o cualquier otra cosa. Sin embargo, es una “cala”; una triste representación de algo que a nadie le interesa y menos representa. Unos de esos “bichos” que de tanto en tanto florecen y que entorpecen el destino de algunas partes de la urbe viñamarina. Creo que esa debió ser la misión: ser un aporte real para el lugar, llenándolo de algún significado y, por qué no, constituirse en el hito que demarcara la entrada a Viña del Mar desde Valparaíso o viceversa, la salida de la Ciudad Jardín, yendo hacia el puerto. Ni menos, ni más. No se pedía que fuera algo espectacular o algo ostentoso, sino un elemento simple y entendible para toda la ciudadanía, de tal modo que conformara una unidad con la playa y le otorgara a ésta una identidad única diferenciándola del resto, reforzando su imagen en la mente de cada uno de los habitantes que gustan de disfrutar del mar. La sigo mirando y se me ocurre que ya no es ni una cala ni un embudo, sino una antorcha gigante que se chamuscó o que nunca se pudo encender.

***** Texto publicado en "La Otra Voz" (Viña del Mar - Chile) el día 10 de febrero de 2010 *****


Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar


Concurso “Muelle Vergara” en foro sobre Viña del Mar

Concurso “Muelle Vergara” en foro sobre Viña del Mar

* Colaboración de Iván Henríquez y Sebastián Labra para Plataforma Urbana. (ver pie de página) *

El sábado pasado se reunieron profesionales y vecinos de la ciudad jardín que discutieron sobre el desarrollo del borde costero y la proyección de su identidad viñamarina. Además, fueron lanzadas las bases del concurso Muelle Vergara, que premiará a la mejor propuesta de diseño con un millón de pesos. ¿Más datos acerca de esta iniciativa? Te los damos después del salto. El concejal y presidente de la comisión de obras de la municipalidad, Andrés Celis, y Soledad Saavedra, licenciada en Historia y Educación exhibieron sus puntos de vista acerca del rumbo y el desarrollo que ha tenido la ciudad viñamarina durante estos últimos 50 años en el foro Viña, ¿la ciudad que queremos? dando paso a un debate con los vecinos sobre el progreso arquitectónico de la denominada “Ciudad Bella”; junto con el realizador audiovisual, Edgar Doll, quien exhibió su documental “Lugar de encuentro” congregando a más de 70 personas en el Hotel San Martín. La temática de este foro fue la reflexión de la relación ciudad-habitante, tanto a través de la ecología urbana, la geografía particular de la ciudad y los modos de habitar su territorio para una futura planificación. Esta reflexión vino dada por el vivir la ciudad y la “participación real que se hace en ella” por parte de sus habitantes. En la discusión se plantearon además las dicotomías que posee Viña del Mar, como la fea estética de los cerros en contraste al plan viñamarino, así también la perdida de los espacios públicos que han ido desapareciendo en pos del “progreso”, es decir, restaurantes, mall y centros comerciales, cuestión que ha perjudicado los centros de reunión como plazas, piscinas públicas o parques. En el documental de Doll se presenta el grado de hermandad que poseen las ciudades de Valparaíso y Viña del Mar, pero que en su origen son profundamente diferentes: Viña del Mar se configura desde el interior hacia el borde, mientras Valparaíso desde el borde hacia sus cerros y cómo en esa época era común que las personas vivieran en Viña, trabajasen en Valparaíso y en su hora de colación fuesen a las piscinas viñamarinas para descansar y luego regresar a su trabajo al “puerto”. También la obra audiovisual exhibe la decadencia que comienza en la década de los ’60 donde la Ciudad Jardín paulatinamente pasa de ser una ciudad apacible, a una ciudad empresarial, luego de torres y ahora de adefesios urbanos, finalizando este proceso con la demolición en el año 1982 de la piscina de Recreo, donde hoy en día la venta de departamentos es excusada por la “venta de vista al mar” y la calidad de vida ha cambiado radicalmente por una mal entendida modernidad. Para finalizar el concejal Andrés Celis leyó las bases del concurso “Muelle Vergara”, aclarando que éstas fueron enfocadas en la recuperación de este espacio para transformarlo en un paseo peatonal. Quien postule el mejor diseño será ganador de un millón de pesos, premio que es financiado por la dueña del Hotel San Martín, Marta Escudero, que decidió ofrecer este concurso público como una manera de fomentar el interés por el cuidado y mantención de la ciudad.


 ***** Texto publicado en Plataforma Urbana (Santiago de Chile) el 3 de febrero de 2010, cuya autoría es de Valeria Barahona y que resultó de la colaboración antes mencionada *****


Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar


¿En qué aporta el Sheraton Miramar a Viña del Mar?

¿En qué aporta el Sheraton Miramar a Viña del Mar?

Para partir me gustaría aclarar que una obra de arquitectura tiene la posibilidad de significar muchas cosas para un lugar. Así, bien puede constituir un hito urbano, que más allá de su uso propio, represente un referente de ubicación para el común de la gente. “Vivo al frente del edificio de los balcones azules y amarillos”, dicen algunas personas. Y claro, es normal. También puede ser una particularidad en sí misma por el uso cotidiano para la comunidad: “voy a la Iglesia, voy al teatro municipal”. Otra posibilidad es que la amalgama de usos diversos y el carácter propio de la obra generen un polo de atracción, por ejemplo, el Mall. Este listado, obviamente, puede ser más extenso mientras más complejo sea el grado de minuciosidad con que se mire al objeto en cuestión. Sin embargo, lo que comparten como principio netamente arquitectónico, es la oportunidad de la que goza la obra de intervenir en el espacio público de un modo “bueno” o “malo”, dependiendo del punto de vista estético y funcional. Así pasa algunas veces, como cuando vemos mejorar un barrio a partir de una correcta planificada estructura u obra, como lo podría ser la implementación de una plaza en un entorno carente de espacios públicos de calidad. O a la inversa, cuando un barrio empeora por culpa de una intervención sin criterio, debido a intereses comerciales, en vez de ser un plus, finalmente destrozan un barrio en pos de un mal entendido desarrollo habitacional. Para seguir con este último caso me voy a referir a un edificio que salta a la vista en Viña del Mar y que tiene muchas de las características antes mencionadas: el hotel Sheraton Miramar, aledaño a la playa Caleta Abarca y frente al clásico Reloj de Flores. El hotel está emplazado en un lugar privilegiado. No hay duda de eso. Aunque en el sector prácticamente cualquier recinto “queda bien” (salvo que el proyecto fuera una monstruosidad), pues el lugar tiene virtudes propias. Ahora bien, es un sitio estratégico y vital dentro de la ciudad, por ende, de suma importancia. Este carácter clave que tiene otorga a que todo ciudadano debiese exigir que diese a su entorno cercano más beneficio que perjuicios. Es decir, que sea un bien que aporte al espacio público, que lo desarrolle y que exalte su paisaje. Me refiero a un bien como un “donativo” –por decirlo de alguna- per se del edificio a la urbe viñamarina. Algo así como una relación recíproca beneficiosa, donde el hotel, como marca, goce de uno de los mejores terrenos de la Ciudad Jardín, y éste a su vez, “regale” por ética un bien a la comunidad. ¿Cuál es el sentido de plantear esto? Simple: si usted lector va a la playa Caleta Abarca y se pone a tomar el sol apreciará el hotel Sheraton Miramar. También verá cómo este edificio se posa sobre la playa a través de un zócalo de hormigón: no olvide jamás que la playa es un espacio público tan suyo como mío. Este hecho, el tocar sólo un trozo de espacio público es sumamente importante: el zócalo en cuestión, que a simple vista parece una resultante del proyecto no lo es, o mejor dicho no lo debiese ser, ya que interviene un espacio de todos los ciudadanos (insisto, tan suyo como mío). No debiese ser sólo una resultante, porque el paisaje se ve profundamente afectado por este murallón, que bien recuerda alguna parte del “führer búnker” y aun más, rememora algún muro exterior de una cárcel, o bien, cualquier muro tipo hormigón, lo que contamina visualmente. Qué diferente hubiese sido el muro como soporte de un hermoso mosaico o con una caída de agua como la del Centro Cultural Palacio de La Moneda, o que estuviese pintado con una magnífica composición abstracta para que los bañistas disfrutasen del hotel, estando fuera de éste (a esto me refería con una la relación beneficiosa reciproca). Creo que debemos de una vez por todas meternos a fondo en la cabeza que las urbes, y sus costas, son un bien apreciado por todos, residentes y afuerinos, y los “detalles” deben ser pensados para todos, lejos de las egoístas ganancias monetarias. Sin embargo, muchas veces estos “detalles” no son considerados y son pasados por el aro. Al contrario, cuando éstos son proyectados con respeto por el bien general todo resulta mejor. Hay que aprender que la arquitectura es para todos y no para algunos.

***** Texto publicado en "La Otra Voz" (Viña del Mar - Chile) el día 26 de enero del año 2010 *****


Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar


La gracia y la desgracia de Reñaca: "Lo Top"

La gracia y la desgracia de Reñaca: "Lo Top"

No sé bien desde cuándo es que la playa de Reñaca se nos presenta como un balneario top. Con promotoras top, con autos top, con gente que usa ropa y anteojos top, gente que usa poleras y bikinis y trikinis o cómo se llamen bien top. En síntesis: un lugar top, y como desde un tiempo a esta parte, en Chile todo quiere, o al menos pretende, ser top vendiendo, por ejemplo, en Santiago departamentos de 1 millón de dólares y más, autos tipo jeeps de guerra, como los que en este momento recorren Irak, todos negros y con vidrios polarizados, para no dejar ver nada del interior del pequeño búnker y menos la pareja que va adentro en actitud top. O teléfonos celulares que quizás ya se pueden enlazar con la estación espacial de la NASA (¡qué más top!). Es que ya no me extraña nada que en la playa de Reñaca ya no basten los teams de verano y sus perfomances callejeras dando paso a bares para éstos de 2, 3 o 4 pisos aterrazados, donde emulando tal vez Ibiza o tal vez Miami, los chicos beban junta a las chicas ron con energéticas, o lo que sea, mirando al mar y escuchando música a “todo chancho”: lo que nada tiene de top. A mi parecer escuchar la música a “todo chancho” en un lugar público es de lo más rasca que se puede hacer y, por ende, lo menos “top”. Una de las virtudes de ir a la playa es el poder contemplar de manera gratuita el paisaje y vivenciarlo como un bien común, donde se respetan reglas mínimas de convivencia, pero que hacen de esta experiencia algo gratificante para el alma (así se puede uno relajar y despejar la mente). En Reñaca la gracia radica en poder estar en el intermedio entre la naturaleza y la ciudad. Claramente la gracia de esta playa no es su agua, pues no es una buena playa para nadar. Tampoco lo es su arena que te muele la espalda. Menos lo va a ser su tranquilidad ni su hermetismo, pues es una playa que está en una ciudad. La virtud de Reñaca es ser una playa de un largo importante respecto al lugar donde se emplaza y con esto constituye un lugar notable, pues es el balcón natural de esta ciudad. Por lo mismo hago un llamado público a bajar los decibeles de los equipos de música, que mal amplificados suenan como un tarro y no nos dejan disfrutar de estar en la playa. Esto es parte de la guía de convivencia entre todos los usuarios del balneario. Si no me creen vayan y pregúntenle a las familias qué es lo que opinan de estos barcitos de música repugnante.

***** Texto publicado en "El Martutino" (Valparaíso - Chile) el día 19 de enero de 2010 *****


Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar

¿Viña del Mar se preparó para el verano 2010?

¿Viña del Mar se preparó para el verano 2010?

Hace una semana, durante la tarde, fui a la playa Las Salinas junto a unos amigos de Sao Paulo, Brasil. Siempre me gustó esa playa, tanto por su paisaje como por ser quizás la más apta para nadar en todo Viña del Mar. El ambiente estaba grato: muy familiar. No como en esa horrible época en que el programa Mekano de Mega la convertía en un flaiterío danzarístico poblacional. Vale decir que nada tengo en contra de las poblaciones populares, de hecho en esa tarde en la playa había muchas familias populares que disfrutaban sanamente de la playa. Una cosa, claro está, es la falta de recursos y otra muy distinta es la ordinariez y la estupidez humana. La tarde se vio empañada a la hora de ir a almorzar. Entendiendo que una de las gracias de estar de vacaciones es poder disfrutar a cabalidad del ocio, mis amigos claro está, no llevaban colaciones ni nada por el estilo. Las Salinas, desde que tengo uso de memoria, ha tenido un restaurante en su acceso por la Recta Las Salinas. Acá se produjo un conjunto de situaciones lamentables: falta de oferta de comidas, pésima higiene en la manipulación de los alimentos (fue todo un show ver a pocos metros el proceso de armado de los platos, incluyendo al vistoso maestro de cocina espantando a un par de baratas en la cocina) todo esto sumado a la ya “acostumbrada” falta de papel higiénico y limpieza de baños. ¿Cómo puede una ciudad entonces auto proclamarse la capital turística de un país si a la hora de disponer y ofrecer los servicios más básicos o no los tiene o bien los tiene pero en pésimas condiciones? ¿Seré acaso sólo yo quien ha reclamado más de una vez por la inexistencia de baños públicos en la ciudad, teniendo que recurrir a mi carita más simpática y pagar para que me dejen orinar en algún local? ¿Seré acaso sólo yo a quién no le ha gustado la comida por encontrarla mal preparada o poco vistosa en su aspecto higiénico? Al día siguiente y con el recuerdo de 3 platos casi intactos fui junto a mis amigos más un par de jóvenes de Mendoza, Argentina, a Reñaca. En estos días los teléfonos celulares tienen la capacidad de conectarse a Internet, así que siguiendo la sugerencia de existencia de WI FI en los casetones demarcadores de los diversos sectores de la playa de Reñaca, fue que entramos a conectarnos: ninguno tenía conexión. Recorrimos uno por uno los casetones y en todos nos fue mal. No voy a pensar que al concesionario se le olvidó pagar la cuenta del Internet, ni menos que la señal es débil y, por lo tanto, ninguno de nuestros teléfonos pudo conectarse. Sólo voy y quiero pensar que en el resto de la ciudad todo está funcionando bien a pesar de que en pleno Enero he visto cómo los maestros se pasean por San Martín con 5 Norte, apurando la construcción de un restaurante, entremedio de turistas que esquivan desde tablas y tarros de pintura hasta mesas y sillones. Total: ¡todo sea por el bendito turismo!

***** Texto publicado en "El Martutino" (Valparaíso - Chile) el día 14 de enero de 2010 *****


Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar


La controversia que por estos días se ha instalado en 8 Norte con Avenida Perú

La controversia que por estos días se ha instalado en 8 Norte con Avenida Perú

Chile es un país que goza en todo el largo de su territorio continental del mar como condición única y espectacular. Somos una nación donde nuestras fronteras naturales, mar y cordillera, desierto e hielo, nos proponen una forma exclusiva en el mundo de desarrollo habitable. Esto, por expresarlo de algún modo, es una situación fortuita donde ninguno de nosotros tuvo ingerencia y, por ende, define el modo mediante el cual habitamos y creamos una identidad. En el Gran Valparaíso, el borde costero, a sapiencia de todos, es un elemento identitario tanto en forma tanto a nivel programático. Esto me lleva a creer que todas las intervenciones arquitectónicas-urbanísticas deben de ser capaces de reconocer una unidad mayor llamada Borde y no tan sólo un lugar acotado. De ningún modo me opongo a proyectos emplazados en esta área de la ciudad que contribuyan al bien común ciudadano. Lo que no valido son aquellos proyectos que en beneficio de algunos coarten los privilegios gratuitos de los habitantes. Así, por ejemplo, la implementación del tramo 15 Norte - Las Salinas me parece asertivo en su generalidad. Cada cual puede y tiene todo el derecho a someter a juicio las particularidades del proyecto: no me gustan los casetones de ventas hechos en madera y acero porque creo que no son aporte, esta es una opinión que viene exclusivamente desde mi punto de vista de Arquitecto. Al mismo tiempo la apertura del muelle Barón, más en un comienzo que ahora, la considero un logro y un atisbo de hacia donde orientar recursos e ideas en Valparaíso. La controversia por estos días se ha instalado en 8 Norte con Avenida Perú (frente al Hotel San Martín). Cuando uno es usuario real de los espacios públicos puede atestiguar mejor las opiniones ciudadanas. Más veces vi una cara de desconcierto que una de gratitud por este recinto emplazado en un lugar estratégico del tramo en cuestión. Más veces oí el sentimiento de "perder playa" que de ganar un lugar de reunión. Recalco que el "perder playa" no es exclusivo a perdida de m2 de arena, sino que tiene que ver con todo el rito de goce de un paisaje privilegiado y con la satisfacción de saber que este perdurara lo más posible. Por esto digo: ojo con llegar y construir en cualquier parte. A todo esto, simpáticas las palmeritas en la playa de Reñaca, ojalá que no crezcan. 

***** Texto publicado en "El Martutino" (Valparaíso - Chile) con fecha 4 de enero de 2010 *****


Un abrazo,
Iván Henríquez
Arquitecto
Viña del Mar


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